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En la Grecia Clásica, la palestra era un referente como espacio educativo y social. Aunque, en sus orígenes, nació como una escuela de lucha, con el tiempo se convirtió en un verdadero centro cultural donde, además de la competición atlética, se impartían conferencias y cabían todo tipo de discusiones filosóficas e intelectuales, hasta el punto de que el papel educativo asumió el control de la función del edificio.
La Educación Física que fomentamos en las aulas está, en cierta medida, inspirada en la labor de la palestra ya que se pretende erradicar, de una vez por todas, la dicotomía: cuerpo-alma. Tal y como creían los antiguos griegos, se debe fomentar la educación integral del individuo "ejercitando conjuntamente cuerpo y alma, y nunca lo uno sin lo otro" (Platón). Desde nuestra área, huimos de planteamientos puramente cuantificadores y pedagógicamente estériles, que tanto han caracterizado a la educación física escolar, para centrarnos en otros más prácticos y utilitarios, con una marcada transversalidad con otras áreas de conocimiento, donde el alumnado obtenga aprendizajes significativos que contribuyan a su formación integral y a la adquisición de las competencias básicas.
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